Cosechas lo que siembras

Vivimos en una sociedad que padece dolor emocional, falta de cariño y atención “desinteresada”. Esta realidad tiene una repercusión directa en los más jóvenes.

Hemos heredado y estamos construyendo un sistema educativo nocivo. Queremos que nuestros jóvenes aprendan: matemáticas, informática, idiomas, pero no les enseñamos a resolver una ecuación: cómo resolver sus conflictos existenciales.

Cada vez hay más centros educativos, oímos mucho sobre la “excelencia”, pero ¿contamos ahora con más investigadores, más pensadores?

Nuestros jóvenes aprenden a conocer el mundo que les rodea, pero no saben cómo conocer su mundo interior.

Les preparamos para triunfar y tener éxito, pero ¿saben lidiar con la decepción, el fracaso, el rechazo, el sufrimiento? este arma tan valiosa que nos ayuda a crecer en sabiduría y manejarnos en la vida.

Viven bombardeados de información, de elementos externos y constantes ¿nos hemos parado a pensar si los elementos internos: su inteligencia, sus emociones, su voluntad están formándose y desarrollándose para poder gestionar todo esto?

Nosotros padres, educadores, formadores que ayudamos a moldear estas personalidades en sus diferentes etapas: la niñez, la adolescencia y juventud, preocupémonos por dar contenido y sentido a todo lo que les damos.

Me hago la siguiente reflexión:

Si lo que estamos cosechando son jóvenes-ancianos, cansados de vivir, sin gusto por la vida y lo que es más triste, unos desconocidos de sí mismos, es que tenemos la necesidad urgente de plantearnos nuestros métodos, nuestras creencias, nuestros valores, en definitiva, nuestra manera de vivir.
“Ser capaces de hablar su lenguaje y penetrar sus corazones”.