Cosechas lo que siembras

Vivimos en una sociedad que padece dolor emocional, falta de cariño y atención “desinteresada”. Esta realidad tiene una repercusión directa en los más jóvenes.

Hemos heredado y estamos construyendo un sistema educativo nocivo. Queremos que nuestros jóvenes aprendan: matemáticas, informática, idiomas, pero no les enseñamos a resolver una ecuación: cómo resolver sus conflictos existenciales.

Cada vez hay más centros educativos, oímos mucho sobre la “excelencia”, pero ¿contamos ahora con más investigadores, más pensadores?

Nuestros jóvenes aprenden a conocer el mundo que les rodea, pero no saben cómo conocer su mundo interior.

Les preparamos para triunfar y tener éxito, pero ¿saben lidiar con la decepción, el fracaso, el rechazo, el sufrimiento? este arma tan valiosa que nos ayuda a crecer en sabiduría y manejarnos en la vida.

Viven bombardeados de información, de elementos externos y constantes ¿nos hemos parado a pensar si los elementos internos: su inteligencia, sus emociones, su voluntad están formándose y desarrollándose para poder gestionar todo esto?

Nosotros padres, educadores, formadores que ayudamos a moldear estas personalidades en sus diferentes etapas: la niñez, la adolescencia y juventud, preocupémonos por dar contenido y sentido a todo lo que les damos.

Me hago la siguiente reflexión:

Si lo que estamos cosechando son jóvenes-ancianos, cansados de vivir, sin gusto por la vida y lo que es más triste, unos desconocidos de sí mismos, es que tenemos la necesidad urgente de plantearnos nuestros métodos, nuestras creencias, nuestros valores, en definitiva, nuestra manera de vivir.
“Ser capaces de hablar su lenguaje y penetrar sus corazones”.

El coaching: una herramienta muy eficaz para el desarrollo del adolescente

Quien no ha necesitado alguna vez de la ayuda de un mentor o de un coach para hablar de los temas que nos inquietan sobre la educación y el desarrollo de nuestros hijos, de las situaciones que nos preocupan y que parecen escapar a nuestro control, de cómo  ganar perspectiva ante una situación compleja que no acaba de resolverse, o simplemente para hablar en confianza con un profesional que nos guie a través de pautas básicas para mejorar nuestra capacidad de comprensión y de comunicación.
Que nos ayude a mejorar nuestra propia percepción y entendimiento de la realidad que afecta a nuestros adolescentes, para guiarles constructivamente en su educación  y  puedan crecer sanos, equilibrados y felices, capaces de afrontar cualquier reto que se les presente, por complejo que pueda ser.
La adolescencia es una etapa esencial en el desarrollo y crecimiento intelectual, psicológico, moral y físico de nuestros hijos. Por ello debemos permanecer alerta a los elementos de carácter externo que influyen y provocan cambios que afectan directamente al adolescente en su forma de pensar y de actuar, en las nuevas creencias que puede incorporar sin llegar a valorarlas, en las relaciones con otros adolescentes y la presión e influencia que estas  dinámicas ejercen en su personalidad. La reacción tardía a estos síntomas produce una sensación de desconexión y de falta de control por parte del adulto. Se reduce nuestro campo de visión e influencia en ellos y de repente sin saber qué pasa, constatamos que ya no es el niño/a que era antes. Esto hace que experimentemos una mezcla de sentimientos de impotencia, duda, incluso frustración cuando les vemos tomar decisiones que no son quizás las adecuadas.
Cuando veo a mi hijo/a que ha sido dócil, me ha hablado tanto de sus cosas, de sus amigos, sus preocupaciones y ahora le veo rebelde y me contradice sin motivo aparente. Cuando veo que su autoestima se tambalea y se que así no podrá afrontar las situaciones que le presentará la vida. Cuando descubro que no me dice la verdad de dónde o quien ha quedado, cuando empieza a traer suspensos….y podemos seguir añadiendo.
Y no hablemos de peligros con los que conviven, aunque luchemos para que no sea así, como son la droga, el sexo y adicciones varias.
Nos gustaría no equivocarnos con nuestros hijos. Pero no caigamos en el error de pensar que nuestros hijos están exentos de todo ello.
El coach proporciona las herramientas necesarias para ayudar al adolescente a desarrollar sus capacidades y a descubrirse a sí mismo.
Sabemos que las respuestas están en ellos pero, como en todo proceso pedagógico, es necesario enseñarle a descubrirlas y guiarle en el desarrollo de su propia capacidad interna para ampliar la visión del mundo, de valoración personal. Es imprescindible facilitarle las herramientas para que puedan aprender a preguntarse y a valorar positivamente todo lo que acontece a su alrededor y que incide en ellos en mayor o menor medida para que puedan responder a los “para qué”, el “cómo lo hago”  y sobretodo “con qué capacidades y herramientas cuento” para lograrlo, con mayor soltura y seguridad en sí mismos.
El coach diseñara un plan de acción junto al adolescente y le enseñara a dar los pasos necesarios para educarle en este proceso, ayudándole a que lo asuma y lo integre para convertirse en el dueño de sus decisiones. Igual que el deportista cuenta con su entrenador-su coach, el adolescente cuenta con alguien cercano que escucha sus inquietudes y sus temores, le motiva y le ayuda a cambiar de enfoque cuando es necesario.
Igual que un entrenador prepara a un equipo para ganar una final, el coach prepara al adolescente para la gran conquista de sí mismo. Le proporciona las herramientas necesarias para que aprenda a evaluar, interpretar y conquistar los retos que tiene delante de él, dándole madurez y solidez ante el efecto negativo que la presión del ambiente pueda ejercer sobre él.

El desarrollo y crecimiento del ser humano en sus distintas etapas son procesos necesarios en una evolución que nunca acaba. Con cada etapa que finaliza consolidamos el aprendizaje que nos prepara y nos da la confianza para afrontar la etapa que comienza. Así nos provee de las herramientas necesarias para realizarnos humana y moralmente, lo mejor posible. Por ello es esencial forjar adolescentes y jóvenes de personalidad sólida y gran autoestima que puedan valorar y decidir por sí mismos sobre su vida; lo que quieren, por qué lo quieren, y como llevarlo a cabo.